Tejiendo juntos la tierra y el cielo

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Tejiendo juntos la tierra y el cielo

En los últimos años me he interesado por las áreas donde se funden las tradiciones budista y chamánica. No pretendo crear ninguna tradición ni teoría unificada del budismo y del chamanismo. Existen diferencias lo suficientemente importantes entre estas dos tradiciones como para que la relación entre ambas sólo sea complementaria. Sin embargo, algunas de sus diferencias y coincidencias quizá puedan sernos de utilidad a los occidentales contemporáneos, especialmente teniendo en cuenta el dilema en el que ahora nos encontramos.

He calificado al chamanismo de “tradición terrenal”. Los cuatro mundos de la abuela tierra (mineral, vegetal, animal y humano) están armonizados y equilibrados entre sí, como lo simbolizan las enseñanzas de las ruedas de la medicina indígena. Estrictamente hablando, el chamanismo no es una religión revelada, sino una tradición basada en un diálogo con la naturaleza. La naturaleza se percibe como una exhibición palmaria del Gran Espíritu y, como tal, de la verdad. Por consiguiente, podemos afirmar que el chamanismo es primordialmente un diálogo con la verdad a través del vehículo de la naturaleza.

Es interesante destacar que en las enseñanzas budistas el reino animal se caracteriza como un ambiente de ignorancia, mientras que en la tradición indígena norteamericana, por el contrario, es el reino de la sabiduría. ¿Por qué? Porque para el chamán el mundo de las bestias es impremeditado, fresco, crudo; es un reino en el que está ausente la molestia del pensamiento. Jamás se ve tropezar a un lobo, ni a un halcón titubear en el espacio. Son con naturalidad lo que son, absoluta y completamente. El oso no es más que oso. El jaguar es plenamente jaguar, y así permanece, innominado. Es una relación importantísima la que el chamán cultiva con el mundo de los animales, el mundo de la mente palmaria. Y ésta es una diferencia interesante entre el budismo y el chamanismo.

Existen, también, otras distinciones. Por ejemplo el tabaco, considerado como un don del mundo vegetal, es sacramental entre los indígenas norteamericanos. El humo del tabaco se levanta hacia el cielo, elevando las plegarias de quien lo ofrece al fumarlo. El alcohol, sin embargo, se considera pernicioso en la isla Tortuga y sacramental entre los vajrayanas, quienes a su vez consideran el tabaco pernicioso. A pesar de que existen otras diferencias de esta naturaleza, ambas tradiciones comparten un interés  por lo palmario, la experiencia más allá del lenguaje, denominada ene la tradición Zen “conocimiento directo”, o la experiencia de detener la mente, de “detener el mundo”.

Si el chamanismo es una tradición terrenal, podría decirse que el budismo es una “tradición celeste”, en cuanto a que pone su énfasis en la mente y en el espacio. Sin embargo, lo curioso de esta descripción es que, a pesar de que el chamanismo se considere una tradición terrenal, conduce a sus miembros a la experiencia del éxtasis, a la trascendencia, al vuelo y la espiritualización de la materia, mientras que la amplia tradición celeste del budismo guía a sus miembros hacia lo terrenal del mundo ordinario.

EL VIAJE DEL CHAMÁN: LA SENDA BUDISTA
Joan Halifax

Extracto del libro El viaje del chamán. Curación, Poder y crecimiento personal.

26/09/2019|Categorías: Chamanismo en el Mundo|Sin comentarios

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