El Tambor del chamán

Si bien el tambor es el instrumento que con mayor facilidad se relaciona a las prácticas y rituales chamánicos, hay otros elementos, no sólo de percusión, que sirven al mismo fin en los diversos grupos étnicos. Entre ellos las maracas o sonajas, la flauta, los troncos ahuecados. En ciertas ocasiones, la voz humana así como el baile llegan a provocar el estado extático propio de los desplazamientos a realidades paralelas.

Sin embargo es el toque del tambor lo que se asocia, en su simbología, al ritmo que rige el Universo. ”El tambor es como una barca espiritual que permite pasar del mundo visible al invisible. Está ligado a los símbolos de la mediación entre cielo y tierra.

El chamán fabrica su atabal con una rama del árbol cósmico en el curso de un sueño iniciático. Cada vez que se sirve de su tambor entra en comunicación con el eje del mundo, lo que le permite ingresar en el mundo divino.

El tambor, adornado con figuras simbólicas, es por sí solo un microcosmos: es el caballo del chamán, que lo transporta en los viajes místicos. Marca el ritmo de su sesiones de magia; es un instrumento de éxtasis y de posesión.” (**)

Está científicamente demostrado que escuchar el ritmo monótono de los tambores facilita la producción de ondas cerebrales de rangos alfa y theta. Muchos nativos se refieren al sonido del tambor como a “el latido de la tierra”. En este aspecto, es de destacar que la frecuencia de la resonancia electromagnética de la tierra, que ha sido medida en 7,5 ciclos por segundo, resulta equivalente a las ondas cerebrales theta. Parece que el sonido del tambor permite a los chamanes alinear sus ondas cerebrales con el latido de la tierra.

Para propiciar un estado mental que ayude a realizar el viaje chamánico, es necesario escuchar un sonido rítmico de 205 a 220 golpes por minuto. Este ritmo induce al cerebro a producir ondas cerebrales lentas, de entre 7 a 4 ciclos por segundo, o menos. Los chamanes describen el sonido del tambor como la voz de los espíritus.

Mitológicamente, el chamán realiza la caja del tambor con un trozo del Árbol de la Vida, del Axis Mundi, proporcionado por sus guías. Así pues, cada vez que el chamán toca el tambor, accede al Eje del Mundo.

En sus rituales, los chamanes sami (llamados noajdde o noaiti) utilizan el canto, acompañado por la percusión del tambor. Gracias a la monótona cadencia que genera, entran en trance para abandonar su cuerpo y acceder al mundo de los espíritus. Para acceder a él, utilizaban a modo de mapa del otro lado los dibujos del tambor, que se convierten en una suerte de guía.

Para los mapuches, el kultrün es el instrumento más sagrado e importante de su cultura. Literalmente, el universo y la síntesis del mundo están contenidos en ese madero ahuecado y recubierto con un cuero de chivo. Es inseparable de las machis (autoridades espirituales) y permite la comunión o conexión con sus divinidades. El kultrün es una palabra compuesta del mapudungún (lengua mapuche) que significa instrumento del eco. El sonido monocorde de este emblemático instrumento permite a la machi entrar en trance durante su invocación y contacto con las divinidades que pueblan el intangible y mítico mundo mapuche.

El chamán siberiano nunca abandona su tambor, elemento fundamental en todas sus ceremonias, no sólo para llamar a los espíritus sino para obtener energía vital o entrar en trance. Estos tambores son redondos en el Norte, y de forma oval en el Sur de Siberia, hechos de piel de reno o caballo, con el bastidor de madera o de junco trenzado. El ritmo que determina el tambor al ser batido por el chamán, es acompañado por las palmadas de los presentes.

(**) Extracto de la definición de Tambor que figura en el “Diccionario de Símbolos” escrito por Jean Chevalier, doctor en Teología y profesor de Filosofía, con la colaboración de Alain Gheerbrant. (Barcelona - Editorial Herder, 1991).

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