LOS SAMI

El pueblo sami vive en las regiones circumpolares del noroeste de Europa, en una zona conocida como Sapmi, que comprende la península rusa de Kola y el norte de Suecia, Noruega y Finlandia. Son un pueblo urálico con lengua propia, y han sobrevivido tradicionalmente como pastores de ovejas y renos, y como pescadores. El chamán sami es conocido como noaidi, “el que sabe”. Y la práctica del chamanismo es el noadismo, o naidevuohta en lengua sami.

El trabajo del chamán incluye tareas como la de curar, adivinar, crear ilusiones, localizar ganado para la caza, producir temor en los enemigos, luchar con otros noaidi, y comunicar con los muertos y con el mundo de los espíritus.

El sonido del TAMBOR

Uno de los principales medios con los que los sami dan el salto de la realidad ordinaria a la sutil es el sonido del tambor, que suele estar adornado con un mapa iconográfico del otro mundo, tal como es comprendido y experimentado por cada noaidi. La cruz central, que divide el mundo en cuatro cuadrantes, es un rasgo de la mayoría de los tambores sami, y es el símbolo de la diosa Beaivi, una emanación del sol y madre de toda vida.

El viajero escocés del siglo XIX John Pinkerton estuvo presente en una sesión espiritista chamánica y dejó una fascinante descripción de la misma. (nótese que, en el extracto siguiente, el término “lapón” se considera un oprobio para los sami; esto, junto con el tono enjuiciador, es típico de la época.)

Un lapón, cayendo de rodillas y junto
con todos los presentes, empieza a
golpear su tambor, y redobla los golpes
con las palabras que pronuncia. Como
si estuviera poseído, su rostro se pone
azul, su cabello se eriza, y él, al fin, cae
de bruces sin moverse. Permanece en
este estado mientras está poseído por el
diablo, y necesita que su genio le dé una
señal que pruebe que ha estado en el
lugar al que ha sido enviado.
A continuación, recuperando sus
sentidos, cuenta lo que el diablo le ha
revelado, y muestra la señal que se le ha
ha dado… Generalmente pintan las
figuras siguientes (en sus tambores);
dibujan primero, hacia el medio del
tambor, una línea transversal, por
encima de la cual sitúan a los dioses
a quienes más veneran, como Thor, con
sus subordinados, y Seyta, y trazan otra
línea un poco por debajo de la primera,
pero que solo se extiende hasta la
mitad del tambor; allí se ve a Jesucristo
con dos o tres apóstoles. Por encima
de estas líneas se representa al Sol, l a
luna, las estrellas y los pájaros; pero
la situación del Sol está debajo de estas
mismas líneas, sobre las que sitúan a los
animales, los osos y las serpientes.

Una colección general de los mejores y más interesantes viajes por todas las partes del mundo, JOHN PINKERTON, 1808-1814 Aquí vemos que la influencia de los misioneros cristianos ya había empezado a cobrar su precio a las antiguas tradiciones. Las primeras imágenes de los tambores sami no muestran rastros de iconografía cristiana.

Joik

Tocar los tambores no era el único método para entrar en trance; los noaidi también usan un tipo de canto llamado joik. Es una manera de sintonizarse con el otro mundo o con seres concretos. En lugar de cantar una canción sobre una cosa o un ser, los noadi cantan de manera encarnada, como si el cantor fuera la propia cosa o el propio ser, de modo que “invocación” podría ser una descripción más precisa de esta práctica. Los joiks pueden ser vocalizaciones tradicionales sin palabras, transmitidas a lo largo de generaciones, o lenguaje espiritual silábico cuyo significado solo es conocido para el chamán que lo pronuncia. Pero más frecuentemente son espontáneos, creados en ese momento y lugar, y combinan tiempos y lugares en un “eterno ahora”.

El experto en los sami Harald Gaski explica e interpreta la distinción entre los conceptos de ser propietario de una canción en las culturas sami y en la occidental:

Quien compone un joik no es su
propietario, más bien es el propietario es
eso que es “joikeado”. En este sentido,
el productor pierde en mayor o menor,
medida su derecho a su producto,
mientras que el tema en sí asume el
dominio sobre esta creación. Este es el
papel tradicional del arte en una cultura
en la que el enfoque central está
en la colectividad, no en el sentido
de que el individuo no sea propietario de
nada, sino más bien en el sentido
de que la percepción de solidaridad es
lo que realmente mantiene unificada
la cultura. En una sociedad así, un
artista no es simplemente un individuo;
también es un representante de la
totalidad de la cultura, un elemento
en la distribución del trabajo dentro
de la totalidad.

The Secretive Text, Harald Gaski

A comienzos del sigloXVIII, el maestro escolar noruego Isaac Olsen observó lo siguiente entre los sami del norte de Noruega:

…los noaidi enseñan a su pueblo y a
sus seguidores los joik… para todo tipo
de fines…, y las oraciones, canciones
y cantos mágicos que sirven a uno no
serán usados por otro. Él enseña esas…
canciones… a la gente cuando están
enfermos, iluminando ciertas palabras,
oraciones y canciones cuando se han
hecho daño…

The Secret Text, Harald Gaski

No hace falta añadir que los misioneros a menudo concluían que la gente que cantaba joiks estaba comunicando con los espíritus (malignos).

Resurgimiento de los SAMI

La religión tradicional de los sami era politeísta y animista, con una profunda conexión tanto con la tierra como con los espíritus que allí residían. Siendo uno de los últimos pueblos de Europa que fueron cristianizados, los sami sufrieron una amarga y forzosa conversión en el siglo XVIII llevada a cabo por Thomas van Western, que quemó los tambores para demostrar que su poder se había acabado. Le siguió Laesadius, un misionero puritano luterano, cuya rama del cristianismo aún sigue siendo practicada por muchos sami. No obstante, la recuperación del sistema de creencias de los sami está en camino, y fue reconocida oficialmente en Noruega en 2012.

Muchos curanderos con las habilidades tradicionales de los noaidi han vivido pasando inadvertidos. Como dijo un sami del siglo XXI: “Desde que éramos niños hemos oído muchas veces que hay personas que pueden quitar el dolor y la enfermedad, y, como creemos en esto, buscamos su ayuda”.

Laesing

Los curanderos usan laesing o “lecturas”, encantamientos que han sido transmitidos por los ancianos para producir la curación de las dolencias físicas. Estos encantamientos están compuestos por una extraña mezcla de versos bíblicos y elementos de tradiciones más antiguas:

Parte del trabajo de curación asume una
forma más ritual. Un ejemplo de laesing
es decir veros al agua y después dársela a
un paciente, a veces para que se la tome
a lo largo de un periodo de tiempo. Una
sanadora contó que ella también decía
laesing al fuego en caso de quemaduras,
o a los demás elementos naturales cuando
se pensaba que la enfermedad surgía de
ellos. Si se consideraba que un sarpullido
venía de un pantano, en primer lugar se
leía el laesing al musgo de dicho pantano,
y después se pasaba el musgo sobre el
cuerpo de la persona con el sarpullido. Si
el sarpullido venía de un río o arroyo de
la zona, el paciente y el curandero podían
ir al arroyo para llevar a cabo la lectura.
Asimismo, muchos sanadores realizan
limpiezas de hogares y lugares donde la
gente ha oído y experimentado ruidos
o cosas inexplicables, de las que se piensa
que están producidas por los espíritus de
los difuntos. En tales casos también se
pueden usar cerillas o poner velas por toda
la casa para llevar “luz” a los espíritus
adheridos y ayudarles a dirigirse
hacia la luz.

Healing in the Sami North, RANDALL SEXTON Y ELLEN ANNE BULJO
STABBURSVIK, 2010

El Arte de Curar

Cuando se le preguntó qué hacía para curar, un noaidi contemporáneo respondió: “Está dentro de mí, hago lo que creo que tengo que hacer”. Otra noaidi, con la que las demás personas contactaban frecuentemente para pedirle ayuda, me dijo que el primer pensamiento que le venía cuando alguien le llamaba era esencial, y a menudo sugería cuál era el problema:

Es como que alguien (dentro de mí) me
dice cosas, que las cosas son así o de la
otra manera…, que esta persona tiene
una enfermedad particular… Viene de
arriba… Y si yo ignoro el pensamiento,
y no hago lo que me dice, la persona
no se pone bien. He tratado de acostumbrarme
a esto, al primer pensamiento que me
viene, y no pasarlo por alto.

La misma persona relató que, aunque sabía versos concretos que se usaban en laesing, a veces le venían otras palabras a través de una voz interior o pensamiento.

Otra practicante, procedente de una larga tradición de sanadores, de niña tuvo una larga serie de experiencias de salida de cuerpo en las que se experimentaba viajando más allá de su hogar y viendo cosas en el vecindario, cosas que posteriormente podía confirmar que habían ocurrido. Cuando se lo contó a sus padres, se le dijo con toda claridad que no hablara de ello, y así mantuvo sus experiencias en su interior hasta llegar a la edad adulta, sin atreverse a contárselas a nadie. De adulta, la gente le contactaba cuando necesitaban ayuda para encontrar objetos perdidos o robados, y explicó que, a menudo, tal como le ocurría en la infancia, recibía imágenes o una visión de dónde estaba algo y de cómo ese artículo había sido perdido o robado.

Otras hablaron de sus experiencias de precognición, de saber las cosas antes de que pasaran, especialmente muertes o tragedias inesperadas. Esto podía venir en un sueño o se describía como un conocimiento corporal, a veces una sensación de incomodidad:

D algún modo, he sabido que algo que
iba a ocurrir antes de que ocurriera. Pero
ha sido…, muchas veces ha sido muy
cansado. A mi abuela le pasaba lo mismo,
de modo que mi madre me dijo que
probablemente lo he heredado de ella.
Una curandera contó que solía trabajar
pastoreando con su abuelo, un reconocido
curandero, en las montañas a varias horas
del pueblo, en una época anterior a la
existencia de teléfonos y médicos en la
zona. A veces, mientras trabajaban, él de
repente decía que tenían que retornar al
pueblo porque tal persona estaba enferma,
y daba el nombre del individuo. Al volver,
descubrían que la persona en cuestión
necesitaba ayuda.

Healing in the Sami North, RANDALL SEXTON Y ELLEN ANNE BULJO
STABBURSVIK, 2010

Aunque estos curanderos pueden ser fieles cristianos, las habilidades que practican no han desaparecido. Incluso a día de hoy, los sami veneran los sieidis o rasgos naturales de la tierra y los lugares que se consideran puertas espirituales hacia el otro mundo: pueden ser montañas, rocas, árboles o ríos.

Pocos sami dejan de llevar su cuchillo personal que, además de para labores prácticas, era y sigue siendo usado para curar. Ante la purga de muchas de sus prácticas chamánicas tradicionales, el cuchillo ha seguido siendo un vínculo vital con los antiguos caminos curativos. La fuerza de la curación chamánica a menudo se transmite a través de la hoja del cuchillo, sobre la que aún se pronuncian encantamientos.

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