TÍBET

En el área que actualmente se conoce como Tíbet, así como en las tierras mongolas adyacentes, las tradiciones chamánicas existieron durante miles de años antes de la llegada del budismo en el año 700 de nuestra era. Entonces las creencias anteriores fueron asimiladas en el camino Vajrayana emergente, formando la religión conocida como Bon. La primera forma del Bon era claramente de estilo chamánico, e incluía transacciones con los espíritus, trabajo en trance y prácticas de curación.

Originalmente la palabra Bonpo abarcaba una variedad de roles espirituales, incluyendo el del chamán, mago o sacerdote. Existen algunos paralelismos interesantes entre los chamnes bonpo del antiguo Tíbet y los druidas de la Europa precristiana. Tal como la orden druídica se dividía en tres funciones: bardos, ovates y druidas, que eran respectivamente poetas, videntes y magos, el antiguo reino prebudista de Tíbet se dice que estaba protegido por los Drung, que eran bardos y cantaban poemas épicos, los Deu, que eran adivinos y augures, y los Bonpo, que eran sacerdotes y chamanes.

EL CHAMÁN ARQUETÍPICO

Según la tradición Bonpo, el primer chamán arquetípico, que llevó el conocimiento de los mundos del cielo a la humanidad hace más de 1.800 años, se llamaba Shenrab Miwoche, un título que significa “el gran supremo chamán humano”. Pero a Shenrab se le representa como mucho más que un hombre: es un Buda plenamente iluminado que descendió de los cielos bajo la forma de un cuclillo azul celeste, el heraldo de la primavera. A continuación se encarnó como ser humano, superó las maquinaciones de un mago maligno e instruyó a la humanidad en diversas técnicas de éxtasis que le permitían comunicar con los otros mundos e invocar los poderes de los dioses.

INICIACIÓN BONPO

Los chamanes bonpo pertenecían generalmente a un clan o gremio, y podían ser hombres o mujeres. Habitualmente eran elegidos para desarrollar este papel por la aparición de un chamán ancestral, cuyo espíritu les visitaba y a veces hablaba a través de ellos. A menudo esto provocaba un período de locura divina, en el que el aprendiz de chamán veía y conversaba con una variedad de dioses, elementales y demonios. En este punto generalmente se retiraba al desierto para tener un período de reflexión y meditación del que emergía como chamán hecho y derecho, siempre que no muriera debido a sus austeridades. Entre las experiencias que se relatan está la de ser desgarrado y consumido por los espíritus, o que se le retiren los órganos y después se le devuelven con las funciones aumentadas o mejoradas, una experiencia que es común a muchas culturas.

Cuando retornaba de este secuestro, el nuevo chamán se ponía bajo el cuidado de practicantes más experimentados que le enseñaban a trabajar con este poder recién hallado y a dirigirlo tal como fuera necesario para su trabajo.

Entre los primeros pueblos de la zona, los Mi-Chos, “La Religión de los Humanos”, retuvo los mitos fundacionales no-budistas, las genealogías y leyendas, incluyendo una cosmología claramente chamánica en la que el cuerpo humano se percibe como un microcosmos del universo. De esta manera los tibetanos intentaron reconciliar su lugar dentro del cielo y la tierra. A partir de aquí se desarrolló la idea de que los espíritus viven en los árboles, las rocas y las montañas. Se desarrollaron elaborados rituales propiciatorios para aplicar a los espíritus malevolentes y animar a los benevolentes para que sirvan a las necesidades humanas; los chamanes actuaban como mediadores entre ambos tipos de espíritus, manteniendo a los peligrosos bajo control y animando a los benéficos a prestar su ayuda.

CURACIÓN DE LA TIERRA

Hasta nuestros días, un aspecto específico del chamanismo tibetano es la curación de la tierra. Se considera que las energías de la tierra poseen aspectos tanto positivos como negativos, y muchos problemas, desde enfermedades hasta el mal tiempo, se abordan armonizándose con el entorno.

Esto forma parte del planteamiento general del chamanismo, presidido por el espíritu práctico. En una tierra donde hay incontables maneras de interpretar signos, y una cantidad parecida de posibilidades de ofender a los espíritus, el chamán tibetano cumple un rol extremadamente importante. Sin sus habilidades nadie actuaría como mediador entre los espíritus y la humanidad, y las fuerzas de la naturaleza –generalmente consideradas hostiles- pronto estarían fuera de control.

El mundo está a rebosar de espíritus malignos, agresivos y violentos que pueden causar grandes desvaríos si no se gestionan adecuadamente, y el tibetano normal vive con un temor constante de ellos. Ningún problema es demasiado grande, ningún viaje demasiado largo, ningún coste demasiado alto para evitar a los malos espíritus, ni para aplacarlos cuando se les ha ofendido. Cuando la enfermedad u otros problemas inquietan a un tibetano budista de a pie, su primer pensamiento es localizar el origen del problema en el mundo espiritual que le rodea, y para ello se dirige al chamán Bon, que con sus habilidades y valentía interactúa con los espíritus a fin de encontrar una solución armoniosa.

SUPERVIVENCIA HOY

Sin duda, el aspecto más importante del chamanismo tibetano moderno es un elemento que ha sobrevivido desde la antigüedad. Se trata del Nechung, u Oráculo Estatal del Tíbet, un poderoso médium que interpreta las intenciones de los dioses para el pueblo tibetano. Los oráculos han desempeñado papeles importantes en la historia espiritual del país, lo mismo que ha ocurrido en otros territorios vecinos de los Himalyas, Y como Nepal y Ladakh. En este caso, el chamanismo es un recurso público, y el Oráculo Nechung sigue jugando un papel importante en los asuntos de estado, siendo consultado con frecuencia por el gobierno tibetano en el exilio y por el actual Dalai Lama.

EL ORÁCULO NECHUNG

El actual oráculo, formalmente el abad del monasterio Nechung, es conocido por dos profecías significativas. La primera guardó relación con la inminente invasión del país por China, que se anexionó Tíbet en 1949, y la segunda hizo referencia a la huida del XIV Dalai Lama, que salió del país antes de la llegada de las fuerzas invasoras. En esta ocasión el oráculo enfermó, y fue incapaz de caminar sin ayuda durante varios años. Aunque finalmente se recuperó, se considera que su enfermedad está directamente relacionada con los problemas que afectan a su país. Evidentemente, esto está alineado con los períodos de enfermedad que relatan los practicantes del chamanismo de todo el mundo, que sufren estos episodios antes de convertirse en chamanes o en el curso de su trabajo espiritual.

EL KUTEN

Los médiums tibetanos son entrenados rigurosamente en las bases del trance y en la interpretación de los presagios; a este trabajo se le conoce como kuten, que literalmente significa “la base física”. Su tarea es mediar entre el mundo interno y el externo e interpretar las visiones que reciben en estado de trance.

Se emplea un complejo ritual para invocar la presencia del oráculo sobre el kuten. El toque de trompetas y tambores, la danza, los cantos y una liturgia detallada atraen al espíritu a su recipiente humano. El kuten viste un magnífico vestido ceremonial compuesto de muchas capas rematadas por una túnica de seda adornada con brocados y cubierta de antiguos símbolos, que al mismo tiempo le protegen y le permiten soportar el poder del espíritu que encarna.

El kuten lleva sobre el pecho un espejo circular con reborde de turquesas y amatistas. Su acero pulido desvía las fuerzas malignas, lo mismo que los espejos que llevan los chamanes siberianos y de la vecina Mongolia. Antes del comienzo del ritual., el kuten se pone un arnés que sujeta cuatro banderas y tres estandartes de la victoria. A medida que profundiza en su sus asistentes le ponen un tocado que pesa 13,5 kilos más. En total, la vestimenta completa pesa más de 45 kilos, y el médium apenas puede caminar, excepto para entrar en trance. Los curiosos movimientos circulares que acompañan a la visión del oráculo pueden atribuirse, al menos parcialmente, al peso que soporta, pero en su estado de trance es capaz de funcionar de un modo que normalmente sería imposible.

El espíritu del oráculo danza sobre el kuten, habitándolo y encarnando en él. Mientras estás así encarnado, se le preguntan cuestiones de importancia nacional a las que él da respuesta. Por este medio, el XIV Dalai Lama encontró una ruta segura para escapar del Tíbet en 1949.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para analizar y mejorar tu experiencia de navegación. Al continuar navegando, entendemos que aceptas su uso.