JAPÓN

En Japón, los ainu son el pueblo indígena más antiguo, y entre ellos el chamanismo continuó como una práctica regular hasta el siglo XVII, cuando fue suprimido. Lo practicaban hombres y mujeres, y recientemente se está produciendo un resurgimiento de las prácticas chamánicas, particularmente entre las mujeres, y hay un creciente número de chamanes que ofrecen sus habilidades dentro de la comunidad moderna.

La práctica misma ha cambiado de las formas más comunes del chamanismo, que incluían el trabajo de trance y el viaje, desarrollándose hacia un planteamiento más mediumnímico, que incluye la posesión..

Mientras que antes el chamán invocaba a un espíritu y viajaba con él para encontrar solución a una variedad de problemas, ahora las mujeres tienden a permitir que los espíritus se apoderen de ellas y las controlen, especialmente los de los ancestros, aunque los resultados son muy parecidos.

LOS CHAMANES AINU
A algunos de los primeros chamanes ainu se les atribuían poderes extraordinarios, como el de aquietar las tormentas, además de tener poder sobre los elementos, que obedecen su voluntad. Podían volar, cambiar de forma y conversar con los animales y los pájaros. También ofrecían éxito en la caza, identificaban ladrones y hacían predicciones relacionadas con el resultado de un viaje. En todas estas actividades compartían los aspectos más antiguos del chamanismo, que en un momento dado fueron comunes a todo el mundo.

LÍDERES DE LA COMUNIDAD
Tal como ocurre con muchas de las sociedades más antiguas, los chamanes ainu eran considerados líderes importantes dentro de la comunidad. Muchos eran líderes políticos, e incluso guerreros. Esto resulta raro dentro del chamanismo, pues la mayoría de quienes lo practican se recluyen debido a su carácter y a su conexión con los mundos invisibles, y raras veces participan en asuntos mundanos o seculares.

Con el tiempo, las distinciones de género separaron las prácticas de los chamanes masculinos y femeninos. Las mujeres se centraron principalmente en la curación, mientras que los hombres hacían ceremonias y luchaban al lado de los guerreros. Sus ceremonias podían durar toda la noche, e incluían danzas, cantos y música. Bajo la influencia de los ritmos hipnóticos entraban en estados alterados de consciencia durante los cuales realizaban curas milagrosas, predecían el futuro e invocaban la suerte sobre algunos individuos favorecidos.

LAS PRÁCTICAS AINU
Como en la mayoría de las culturas chamánicas, en distintas medidas, los ainu resaltan la importancia de mantener una estrecha relación con el mundo natural, creyendo que la fuerza de vida que habita en todas las cosas puede transferirse de otros seres vivos a los humanos. Así, por ejemplo, si una madre era incapaz de amamantar, el chamán podía realizar una ceremonia en la que invocaba y extraía la energía de un abedul blanco. Después de haber ofrecido al árbol un bastón de madera con una oración y de haber colgado una banda en su tronco, el chamán bailaba y oraba al espíritu del árbol antes de retirar varias capas de su corteza. Estas se llevaban a casa de la paciente, donde eran hervidas para hacer una sopa, que a continuación ella tomaba. Generalmente el árbol moría a los pocos días y su espíritu emigraba al cuerpo de la mujer.

El chamanismo sigue en vigor en el Japón actual, particularmente en el norte y en la prefectura de Miyagi, donde aún hay una serie de practicantes conocidos como ogamisama o kamisama.

Muchos de los del primer grupo son ciegos, y la pérdida de la vista les permite actuar como médiums, mientras que los segundos suelen tener vista, pero no actúan como médiums. Actualmente hay aproximadamente 44 ogamisama viviendo en la parte norte de la prefectura de Miyagi en torno a Senboku, mientras que 138 kamisama viven en un área más central del país.

El último candidato fue iniciado en 1938 y ahora los demás son demasiado viejos para estos trabajos y han renunciado a practicarlos. Muchas de las tradiciones chamánicas más antiguas han sido absorbidas por el Shinto, que actualmente es la principal religión del país.

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